Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

martes, octubre 17

Dos poemas de Jordi Maíz


EL ZULO

Nos hemos metido en un eterno laberinto
un pasillo larguísimo
sin puertas a los lados

Unos dicen que el edificio es suyo
pintan las paredes con colores,
otros, simplemente quieren reformarlo

Solo nos queda una salida
romper el techo
y salir corriendo para otro lado

CADÁVERES

En casi todas las neveras
hay un papel pegado
con listas negras
llenas de asesinatos


Jordi Maíz

sábado, octubre 14

Referéndums, creación de Estados, y distracciones varias

Seguimos enfrascadxs, atontadxs, con la cabeza como las avestruces, pero en vez de debajo de la tierra, nosotrxs con la cabeza metida en enfrentamientos estériles,  entretenidxs en temas dirigidos por lxs de arriba. Y son esxs, lxs de arriba, quien nos marca la hoja de ruta, nos marcan la agenda, una cosa detrás de otra, para tenernos bien entretenidxs y no molestemos en lo realmente importante.

Ahora toca que si el referéndum de Catalunya. Todos los medios, televisivos, radios, digitales, en papel,…con el monotema, no vaya la gente a despertar por alguna fisura que se nos haya escapado.
¿Qué más da si los porrazos te los da un policía con la bandera de España o la de Cataluña bordada en su uniforme? ¿que mas da si las multas y sanciones que llegan a tu casa tienen arriba el logo del gobierno de España o el de la Generalitat? ¿Qué mas da si quien te desaloja de tu casa y te roba es Carles Puigdemont o Mariano Rajoy? ¿Qué importa si quienes están destruyendo el aire, el mar, las zonas verdes y la naturaleza en general, quienes están haciendo un holocausto, un genocidio contra millones de inocentes a quienes esclavizan, torturan y asesinan en los mataderos, lo hacen con el visto bueno del gobierno de España o con el de Cataluña? ¿Qué mas da vivir en una cárcel llamada Estado, de un color, o de otro color, sufrir el yugo de un Estado o de otro mas pequeño, sufrir la represión y la muerte bajo un acento o bajo otro? ¿en que nos afecta a nosotrxs, a nuestro entorno, y a lxs mas inocentes, …?

Mientras nos tienen entretenidos con este monotema, y perdiendo el tiempo en este tipo de cosas, no nos salimos de lo que ellxs nos marcan, no nos rebelamos, sino todo lo contrario, nos ponemos al servicio de los intereses de unxs u otrxs pero en el fondo iguales, de lxs mismxs poderosxs, solo que hablan con acentos diferentes. Al servicio de lxs poderosxs catalanes, o de lxs poderosxs españoles, de lxs opresorxs de un color, o de otro, pero opresores al fin y al cabo, que ni siquiera se molestan en disimularlo lo mas mínimo. Mientras estamos gastando nuestro tiempo y energía en la lucha de los interés de los de arriba, la lucha que sus medios de comunicación nos marcan, lo realmente importante, el genocidio, la tortura y esclavitud, el holocausto contra los mas inocentes, sigue su curso. La destrucción de nuestro entorno y el de mas allá, de los mares y océanos, del aire, de la vegetación y la naturaleza en general, de la vida, sigue su curso y muy poca gente son las que se oponen con la fuerza y firmeza con la que se enfrascan en otras batallas banales.  Porque, ¿existe algo mas grave y urgente que el mayor genocidio de la historia de la humanidad? ¿existe algo mas grave y urgente que la destrucción total y sin retorno de todo cuanto nos rodea? ¿de que nos vale bajo que Estado sufrir, si no hay tierra, si no hay agua, si no hay aire, si no hay vida? Y esta destrucción va a toda prisa, es muy urgente, solo tienes que mirar a tu alrededor, o informarte de los datos y estadísticas objetivas.

Nos siguen entreteniendo, nos siguen marcando la agenda, para que no nos ocupamos, no luchemos por lo realmente importante. Y cuando acabe el monotema del referéndum, ya sacaran otro.
Sea cual sea el Estado, todxs perdemos. Pero es que ni siquiera la suspensión de este nos garantizaria la supervivencia, la igualdad, la libertad, el fin de la opresión y la autoridad, si no luchamos simultaneamente también por todo ello.

¡La tierra grita: No soy de nadie, soy libre!


miércoles, octubre 11

"Muerte a la política"


«Muerte a la política»

Si la política no fuese más que la de los «políticos», bastaría con apagar la tele y la radio para no volver a oír hablar de ella. Pero resulta que Francia, que solo para la galería es el «país-de-los-derechos-humanos», es más bien y sin lugar a dudas el país del poder. En Francia, todas las relaciones sociales son relaciones de poder, ¿y qué queda sin haberse socializado? Por eso, en este país hay política en todos los estratos. En las asociaciones y en los colectivos. En los pueblos y en las empresas. En los entornos, en cualquier entorno. Por todos lados maniobra, interviene, busca hacerse querer, pero no habla francamente porque tiene miedo. La política es, en Francia, una enfermedad cultural. En cuanto la gente se junta, sea cual sea la meta, sea cual sea el objetivo, y si la cosa dura un poco, se estructura como una pequeña sociedad cortesana, y siempre hay alguno que se toma por el Rey Sol [...].

***
Comité Invisible  www.pepitas.net/libro/ahora

domingo, octubre 8

Contra la fe en el voto, o ¿Por qué se prohíbe votar el 1-0?

Que un estado moderno cuya esencia política es el voto prohíba votar, dicho así en principio, parece una paradoja. Por una parte nos incitan a votar a todas horas y por otra, prohíben votar en un referéndum, que aunque parta de un supuesto carente de sentido: el “derecho a decidir” (decidir el qué, pues decidir es algo que todos hacemos, al margen del derecho, innumerables veces a lo largo del día, incluso de forma inconsciente), es una cita electoral más, que como todas, solo sirve para legitimar y reproducir el sistema capitalista imperante, haya un estado más o un estado menos.
Así que intentar resolver la paradoja, tal vez pueda ayudarnos a soportar el enfermizo aturdimiento al que nos somete la lucha de poder entre un estado, que para nuestra desgracia ya lo es: España, Una, Grande, y Libre, y otro, que para nuestra desgracia, aspira a serlo. Catalunya Triomfant, y que, como todo estado que se precie, también aspira a ser uno, grande, y libre, y puede que hasta a ganar el próximo campeonato mundial de fútbol. Y si uno se deja llevar por lo que aun pueda quedar vivo fuera de lo políticamente correcto, y del pensamiento único - atado y bien atado por las reglas del juego democrático – lo que primero viene a la mente es aquel grito olvidado de: “Un patriota un idiota… mil patriotas mil idiotas” que tras la muerte del dictador, recorría en manifestaciones populares las calles de nuestras ciudades.

Por entonces, a la gente aun no le habían creado problemas nacionales. Teníamos otros sueños y otras preocupaciones más de abajo, más de clase, y la izquierda en general, marxistas -aún el PSOE decía serlo- y anarquistas, mantenían vivo el recuerdo de que habían nacido con vocación de I Internacional, y que los trabajadores tenemos una sola patria: el mundo. Las banderas, las patrias, los estados, y las fronteras son cosa de otros, que algún día debemos destruir, si de verdad buscamos la Emancipación Social, o como se dice ahora, construir un Mundo Nuevo. Ahora el capital nacional causante de guerras mundiales y millones de muertos, para mejor defender sus intereses se vuelve multinacional, mientras la izquierda marxista para parecer nueva y diferente, se hace nacionalista. “Patria y Pueblo” rezaba un slogan electoralista de Podemos, en su hilarante deriva transversal, para pillar votos acá y acullá. ¡Vivir para ver!

Tal parece que una primera consideración tiene que ver con el tiempo. Si entendemos que votando nunca pasa nada importante que no esté previsto, pues si excepcionalmente pasara se impone lo previsto, es fácil pensar que si las partes quisieran, el tan grave problema catalán se habría solventado en dos o tres meses a lo sumo, tal como pasó en Escocia o Quebec. Pero entonces no podrían entretenernos y asustarnos durante años con el problema nacional, ni crear y exacerbar sentimientos nacionalistas populistas patrióticos en ambos estados, que es lo que se pretende, en torno a tradiciones inventadas y símbolos absurdos como los trapos con franjas rojigualdas, horizontales o verticales, mas o menos anchas. Mas sin el espectáculo aborregante, aparecería el peligro de que la gente pueda pensar y razonar. Quizá preguntarse por qué no dedicar toda esa energía a evitar que sigan deteriorándose las condiciones de vida y trabajo, y que un tercio de la población sufra carencias de todo tipo, en ambos bandos; o por qué seguimos soportando que nos envenenen el aire, el agua, y la tierra; y se abandonen los montes, y se maltraten mujeres, y….

La paradoja se complica: Ya es más que temporal. Un referéndum no acordado ni pactado, también se prohíbe porque es un ataque a la democracia, ya que altera el orden institucional y socava el principio de autoridad del estado. Por eso todos los actores usan como fundamental argumento su intención de defender la democracia, aunque sea haciendo a la vez una cosa y la contraria. Si se autorizara bajo presión, podría descubrir la debilidad y la mentira constitutiva del moderno estado capital. La gran mentira es que la democracia, por mas democracia que sea – participativa, representativa, directa, indirecta o circunstancial -, no es un modo de vida, ni es un sistema social, como quieren hacernos creer, sino que solo es la expresión política del Poder, del estado con su conjunto de instituciones al servicio del capital, para garantizar la explotación del trabajo y el sometimiento de los trabajadores, en condición de ciudadanos libres y soberanos. Y el instrumento con el que se teje el engaño es la Ley, o mejor, el Imperio de la Ley.

Unas pocas personas, “ungidas por el poder”, articulan un conjunto de leyes y normas en defensa de los ricos y sus privilegios, llamado Constitución, que luego democratizan a través del voto para darle apariencia divina – no en vano ese es el origen genuino de la Ley –. Con el truco del voto hacen que la gran minoría que es la mayoría ganadora en las elecciones, se convierta en Todos, y la fecha concreta en que se produce, en Siempre. Así se construye la creencia general de que las leyes las hacemos entre todos, que todos somos iguales ante ellas, y que además son eternas. De ahí que lo que solo es legal debe ser acatado por todos, y en todos los estados, como justo, universal y eterno. De no obedecer, te atizará el “estado de derecho” con todo el peso de la ley, es decir con todo su aparato legal y democrático de represión, que para eso está. Eso es lo que hace el gobierno español, y cualquier otro llegado el momento.

O es ¿que aún alguien en sus cabales piensa que partido o institución alguna promovería por ejemplo, una votación a favor de una Federación Libre de Comunas Obreras, o Asambleas Populares, o cualquier otra forma de sociedad sin estado?

Al final, la paradoja desvela una vez más que el voto, y los derechos a él asociados, solo sirven para impedir a la gente, como en otros regímenes, ejercer la libertad de vivir y organizar sus vidas. Por tanto, “Prohibido prohibir” ha de ser la única norma universal y el único artículo que debe figurar en la Constitución de ese Mundo Nuevo, que llevamos en nuestros corazones, y que cada vez se torna mas necesario que posible.


José Ramón Palacios
Presidente de la Fundación Anselmo Lorenzo

jueves, octubre 5

Estados como sinónimo de represión y distracciones nacionalistas

No hay palabras para definir lo que se vivió ayer en Catalunya. La represión y violencia ejercida por las Fuerzas democráticas del orden, policías y guardias civiles, dejan una vez mas patente que a la hora de la verdad, en la práctica no hay diferencias en los diferentes tipos de regímenes que desde el Estado, oprimen a las personas. Llámese democracia, dictadura, o como quieran, en la práctica es lo mismo, y ayer quedó nuevamente demostrado. Sí, esto es democracia, como ya estarán cansadas de ver a lo largo y ancho del mundo y de la historia. El problema no son unos políticos u otros, ni siquiera un modelo de Estado u otro, el problema es el propio Estado en sí, el Sistema, porque todos los Estados  llevan explícito la represión de unos pocos privilegiados, los poderosos, los que gobiernan y sus aliados, contra todas las demás. Todos los Estados, sean del color que sean, como la historia bien nos remarcan, llevan represión, fuerza, violencia, opresores y oprimidas, poderosos y humilladas, policías, cárceles, autoritarismo, falta total y absoluta de libertad, especialmente contra el individuo, antropocentrismo, destrucción del Planeta, dominación, explotación,… Lo de ayer fue una demostración más, de lo que pasa siempre, cuando un Estado, sea este del color que sea,  y la sociedad, chocan. La historia está plagada de hechos tan espeluznantes, asqueroso y vergonzosos como los de ayer. Los mismos acontecimientos que, no le quepa a nadie la menor duda, hubieran pasado en una Catalunya independiente del Estado español pero donde sus habitantes estuvieran sometidos a un nuevo Estado, en este caso el catalán, si la sociedad catalana choca con los intereses de este hipotético Estado y gobierno catalán. También son habituales las agresiones, violencia, represión,… por parte de los Mossos (policía autonómica catalana) contra personas que luchan por sus derechos o por cualquier otra causa justa. ¿O es que acaso la represión y la violencia de las porras y las pistolas han dolido menos si la bandera de la solapa del brazo armado de la democracia lleva la bandera de Catalunya o cualquier otra?

No es una cuestión de nacionalismo o creación de nuevos Estados. Es una cuestión de la existencia de los propios Estados en sí, como insisto nos demuestra la historia, y obviamente esto no se soluciona con la creación de otros nuevos, con todo el pack represivo con el viene cualquier forma de Estado.

Los gobiernos nacionalistas tanto español como catalán han jugado muy bien sus cartas:  Por un lado tenemos al gobierno nacionalista catalán, ahogándose en mil y un caso de corrupción, otros tantos casos de represión y brutalidad policial por parte de su policía autonómica, y descendiendo de una manera vertiginosa tanto en las urnas como en las encuestas. Y en este descenso en cuanto a apoyo popular, no solo me refiero a los nacionalistas que gobiernan, CiU (ahora creo que se llaman PdD o algo así, como un intento de lavar su imagen y huir de la crisis interna y descalabro social) y ERC, sino además de la propia Cup, que como era de esperar, a sus electoras no les ha parecido nada bien que se alineen y apoyen a burgueses, opresores, derechistas, conservadores, corruptos,…vamos, al “PP catalán”. Unos nacionalistas que estaban en caída libre y que la sociedad, con razón, les daba de lado cada vez más. Y entonces, sacaron el arma que de momento siempre funciona: llamamiento al patriotismo, nacionalismo,… Porque si no, ¿que otra cosa puede tener en común el gobierno y las personas en la calle, oprimidas y opresores? Pues una supuesta patria en común, y así estamos todas en el mismo barco, las de abajo defendiendo y justificando a los de arriba, a sus propios explotadores, ya que ahora, tienen una causa en común políticos, policías, empresarios, burgueses, oprimidas… Y las oprimidas, muerden el anzuelo. Y nos dejan imágenes tan surrealistas e impensables hace unos meses como unas gentes que estaba hasta las narices de que les robaran, explotaran, reprimieran y apalearan,… aplaudiendo y dándole vitoles a sus verdugos, políticos y policías. Ya esta todo olvidado, la jugada del nacionalismo salio de maravilla para el corrupto y desprestigiado gobierno catalán y sus aliados.

Y por parte del nacionalismo español más casposo representado en el gobierno de España por el PP, tres cuartas partes de lo mismo. Igual que el gobierno catalán, el español, desprestigiado y absolutamente desligitimado por miles de casos de corrupción, de opresión, de explotación, de recortes de derechos, de alejarse de la realidad de su entorno, vuelve a izar la bandera de la patria para recibir un apoyo social que estaba perdiendo, contra “los que quieren romper y destruir a la amada patria”. Y vuelve a salir la jugada redonda, las personas a olvidarlo todo, y apoyar el intervencionismo casi militar en Catalunya. Jugada perfecta por ambos bandos, usando la carta que nunca falla de patrias, nacionalismos, enemigos en común,…

¿Y el resultado cuál es? Pues el de siempre que se caen en estas triquiñuelas por parte de los Estados o gobiernos. Lo que pasa en cualquier guerra: oprimidxs matándose entre ellxs, en defensa de intereses burgueses  ajenos a los suyos. Aplausos y vitoles a sus propios opresores, que ven desde sus cómodos sillones, quizás con una copa de champan  (o cava) en la mano, como un apoyo popular que tenían absolutamente perdido, lo vuelve a tener en un tiempo récord, debajo del calor que da la amada patria. Pues toca echar mas leña al fuego, que cuanto más se cabreen con el otro nacionalista, más me apoyaran a mi y me reconocerán como sus líderes y dirigentes de tan noble causa como la nación o la patria. Ahora tenemos una causa común, y un enemigo común. Ya la sociedad a dejado de apuntar su rabia hacia mi, y la apuntan hacia otro lado, muy lejos de mi. Me vuelven a reconocer a mi, y al brazo armado que defiende mis intereses contra ellos mismos, como “de los suyos”. O mejor dicho, ellos ahora vuelven a estar bajo nosotros. Ya mañana tocara reprimirlos a ellos, pero de momento, nos son útiles.

En todo este tinglado de patrias y nacionalismos, es habitual ver envuelta a la izquierda. Lo que quizás es un poco más sorprende es ver del lado de policías (autonómicos en este caso), políticos, burgueses y corruptos, represores y explotadores de todo índole, a algún o alguna despistada venida del mundillo libertario. Si bien es cierto que algunos sectores de este mundillo hace tiempo que tiró la toalla y hoy por hoy es muy difícil en cuanto a fondos y formas distinguirlos del viejo marxismo de toda la vida, no deja de sorprender ver a alguna, quizás por falta de formación ideológica, o información en general, teniendo de compañerxs de viaje a burgueses, policías, opresores, religiosxs,… O es que simplemente les gusta la fiesta y allí donde la haya ellxs se apuntan sin importar el contenido, todo sea por la bronca y el ruido, o quizás simplemente es que no terminan de tener claro sus ideas. Si es esto segundo, no me preocupa. El tiempo y la información, pone a cada uno en su lugar. Si es lo primero, tampoco debería ser preocupante. Nunca han estado de este lado.


lunes, octubre 2

Suavemente corren los cerrojos bien engrasados

SUAVEMENTE CORREN LOS CERROJOS BIEN ENGRASADOS


A Marcos Ana


¡Y que haya tanto espacio abierto, tanto
aire libre,
tantas ganas de luz, y sin embargo,
con qué primor, con cuánta
delicadeza, sí,
arrodillados,
vamos limpiando,
engrasando,
abrillantando,
nuestros cerrojos!


Y entre estos muros ciegos,
con la bayeta al hombro, el uniforme
cada vez más lustroso
y un rumor de cadenas a la espalda,
nos creemos a salvo y
buenos días
buenas tardes compadre hoy hace frío
qué tal van los barrotes? se ha apretado
bien fuerte esta mañana
la mordaza? otra bomba
en oriente otro naufragio
ya usted bien sabe
que como en este calabozo
en ningún sitio


Y es tan amplio y vistoso nuestro patio
por donde damos vueltas
y vueltas
a la sombra
en torno a escaparates,
con la bayeta al hombro,
que olvidamos que existen otras celdas
inhumanas, más crudas de castigo,
de cuyo desamparo surgen voces
más heridas sin duda, pero menos,
mucho menos cautivas,
muchos menos dañadas,
que siguen preguntando a cada instante
cómo es un árbol.


Y nosotros, nosotros,
sin respuesta,
en medio de la calle, entre barrotes,
con la bayeta al hombro, el uniforme
cada vez más lustroso, los cerrojos
bien engrasados,
suavemente cerrando el horizonte.




SALARIO


I


Por un salario,
los años y los días
me han expropiado.


II


Todo lo traga,
en turbios remolinos,
la subcontrata.


III


Yo y mi contrato,
visos del tiovivo
totalitario.


IV


¡Mi pobre iluso,
querer cambiar las partes,
nunca el conjunto!


V


Solo una tuerca…,
y todo el trampantojo
se desmantela.





CONRADO SANTAMARÍA. En Community Poetry. Haciendo, haciendo: once maneras de mirar de frente. Ed. El Perdigón. 2017

viernes, septiembre 29

[Cataluña] Perplejidades intempestivas

Cuando acontecen en Catalunya cambios tan drásticos como los que se han producido desde las multitudinarias manifestaciones del 15 de mayo de 2011 resulta difícil no experimentar cierta perplejidad. 

¿Qué ha podido ocurrir para que algunos de los sectores más combativos de la sociedad catalana hayan pasado de “rodear el Parlament” en el verano del 2011 a querer defender las Instituciones de Catalunya en septiembre del 2017?

¿Qué ha podido ocurrir para que esos sectores hayan pasado de plantar cara a los mossos d’escuadra en la plaza Catalunya, y de recriminarles salvajadas, como las que padecieron Esther Quintana o Andrés Benítez, a aplaudir ahora su presencia en las calles y a temer que no tengan plena autonomía policial?

¿Qué ha podido ocurrir para que parte de esos sectores hayan pasado de denunciar el Guvern por sus políticas antisociales a votar hace poco sus presupuestos?

¿Pero, también, qué ha podido ocurrir para que ciertos sectores del anarcosindicalismo hayan pasado de afirmar que las libertades nunca se han conseguido votando a defender ahora que se dé esa posibilidad a la ciudadanía?

La lista de preguntas se podría ampliar enormemente y se podrían aportar múltiples respuestas a las pocas que aquí se han formulado. En efecto, se pueden aducir factores tales como el agotamiento del ciclo del 78, la crisis económica con sus correspondientes recortes y precarizaciones, la instalación de la derecha en el gobierno español con sus políticas autoritarias y sus recortes de libertades, la escandalosa corrupción del partido mayoritario etc. etc.

Sin embargo me parece que sería ingenuo excluir de esas respuestas la que pasa por tomar en cuenta, también, el extraordinario auge del sentimiento nacionalista. Un auge que, sin duda alguna, han contribuido a potenciar los factores a los que acabo de aludir pero que también ha recibido muy importantes dosis de combustible desde las  propias estructuras del gobierno catalán y desde su control de las televisiones públicas catalanas. Varios años de persistente excitación de la fibra nacionalista no podían no tener importantes efectos sobre las subjetividades, tanto más cuanto que las estrategias para ampliar la base del independentismo nacionalista catalán han sido, y siguen siendo, de una extraordinaria inteligencia. La potencia de un relato construido a partir del derecho a decidir, en base a la imagen de las urnas, y a la exigencia de la libertad de votar, era extraordinaria y conseguía disimular perfectamente el hecho de que era todo un aparato de gobierno el que se volcaba en promover ese relato.

Hoy, la estelada (roja o azul) es sin la menor duda el símbolo cargado de emotividad bajo el cual se movilizan las masas, y es precisamente ese aspecto el que no deberían menospreciar quienes sin ser nacionalistas ven en las movilizaciones pro referéndum una oportunidad que los libertarios no deberían desaprovechar para intentar abrir espacios con potencialidades, sino revolucionarias, por lo menos portadoras  de una fuerte agitación social, y se lanzan por lo tanto en la batalla que enfrenta los gobiernos de España y de Catalunya.

No deberían menospreciarlo porque cuando un movimiento de lucha incluye un importante componente nacionalista, y este es, sin duda alguna, el caso en el presente conflicto, las posibilidades de un cambio de carácter emancipatorio son estrictamente nulas.

Me gustaría compartir el optimismo de los compañeros que quieren intentar abrir grietas en la situación actual para posibilitar salidas emancipatorias, sin embargo no puedo cerrar los ojos ante la evidencia de que las insurrecciones populares, y los movimientos por los derechos sociales nunca son transversales, siempre encuentran a las clases dominantes formando piña en un lado de las barricadas. Mientras que en los procesos de autodeterminación, y el actual movimiento es claramente de ese tipo, siempre interviene un fuerte componente interclasista.

Esos procesos siempre hermanan a los explotados y a los explotadores en pos de un objetivo que nunca es el de superar las desigualdades sociales. El resultado, corroborado por la historia, es que los procesos de autodeterminación de las naciones siempre acaban reproduciendo la sociedad de clases, volviendo a subyugar las clases populares después de que estás hayan sido la principal carne de cañón en esas contiendas.

Eso no significa que no haya que luchar contra los nacionalismos dominantes y procurar destruirlos, pero hay que hacerlo denunciando constantemente los nacionalismos ascendentes, en lugar de confluir con ellos bajo pretexto de que esa lucha conjunta puede proporcionarnos posibilidades de desbordar sus planteamientos y de arrinconar a quienes solo persiguen la creación de un nuevo Estado nacional que puedan controlar. Que nadie lo dude, esos compañeros de viaje serán los primeros en reprimirnos en cuanto no nos necesiten, y ya deberíamos estar escarmentados de sacarles las castañas del fuego.


Tomás Ibañez  
Barcelona 26 de septiembre de 2017

martes, septiembre 26

Cataluña y la autodeterminación

Hoy en Cataluña asistimos a una lucha entre las elites que tiene como principal finalidad, más allá de la propaganda y palabrería política que la envuelve, una redistribución del poder institucional. La burguesía española y una facción de la burguesía catalana, vinculada sobre todo a la Generalitat, están enzarzadas en un enfrentamiento al que tratan de arrastrar al pueblo llano para utilizarlo como base social sobre la que apoyarse para resolver esta querella interna. Asimismo, la acción de la propaganda de los mass-media, así como las intervenciones de diferentes actores políticos e institucionales, únicamente contribuye a enturbiar y oscurecer la problemática que hoy existe en Cataluña.

La polémica generada por la convocatoria de un referéndum el 1 de octubre es presentada por sus principales valedores como una forma de ejercer el derecho de autodeterminación de Cataluña. Sin embargo, nada de esto es cierto por diferentes razones.

En primer lugar la autodeterminación no es un derecho sino una capacidad del pueblo para decidir de un modo completamente autónomo qué tipo de relaciones desea establecer con los demás pueblos, en caso de que desee mantener alguna relación con estos. Esta capacidad únicamente puede ser ejercida cuando la soberanía está en manos del propio pueblo, lo que únicamente es posible con la desaparición del Estado y de la propiedad privada. Las actuales estructuras de dominación, concentradas fundamentalmente en torno a estas dos instituciones liberticidas, son las que monopolizan la soberanía y hacen que esta sea ejercida por una minoría dirigente. Así pues, la autodeterminación de los pueblos no puede ser ejercida en el marco político que ofrecen los Estados debido a que el pueblo no es libre para decidir. Esto explica que la autodeterminación no pueda ser en ningún caso un derecho en tanto en cuanto los derechos son la concesión de un poder que en cualquier momento, de manera totalmente arbitraria, puede revocarlo y alterarlo en función de sus particulares intereses. Por todo esto la autodeterminación sólo puede ser considerada como el resultado de una conquista revolucionaria fruto de la destrucción del Estado y de la propiedad privada, pues sólo entonces se dan las condiciones mínimas de libertad razonable para que un pueblo pueda decidir qué relaciones quiere mantener con los demás pueblos.

En segundo lugar la autodeterminación sólo es posible cuando, una vez destruido el Estado y la propiedad privada, el pueblo se autogobierna a través de asambleas soberanas. Esto es lo que hace posible el inicio de todo un proceso popular que, de abajo arriba, va dirigido a determinar qué tipo de relaciones son establecidas con los demás pueblos. De esta forma la autodeterminación no es de ningún modo un proceso consultivo impulsado por unas elites ubicadas en unas instituciones, sino que es el propio pueblo el que en el ejercicio de su soberanía establece las condiciones y la forma en que va a relacionarse con los demás pueblos.

En tercer lugar, y como corolario de todo lo hasta ahora dicho, la autodeterminación no es en modo alguno sinónimo de la construcción de un nuevo Estado. Este es el gran artificio ideológico desarrollado por los nacionalistas catalanes, y ratificado por el nacionalismo español dado su ferviente centralismo, con el propósito de confundir la libertad de un pueblo para decidir su futuro con la asunción de un nuevo yugo que lo someta a una renovada opresión, de tal modo que el escenario resultante sea aquel en el que la elite catalana sea una elite nacional que ejerza el poder de manera exclusiva sobre la sociedad catalana. La construcción de un nuevo Estado no tiene nada que ver con la autodeterminación, y menos aún con la liberación de un pueblo. Por el contrario este proyecto político supone la renovación del orden constituido al implicar la conservación de las instituciones heredadas del Estado español junto al régimen capitalista, y por tanto el mantenimiento de las actuales relaciones de explotación y dominación.

Por otra parte hay que constatar un hecho bastante controvertido que pasa desapercibido para la mayor parte de la población, y que en modo alguno es puesto de relieve en lo relativo a la polémica suscitada por la convocatoria del referéndum del 1 de octubre. Dentro del marco político de un Estado y sus instituciones el referéndum es la forma de represión dictatorial máxima y más dura al restringir la expresión de la voluntad popular a una pregunta que sólo admite como posibles respuestas un Sí o un No, lo que, a su vez, impide la justificación de cualquiera de ambas respuestas y con ello explicar qué quiere cada persona que se manifiesta en un sentido o en otro. A esto se suma el hecho de que se trata de un proceso puesto en marcha por una elite que formula la pregunta en función de sus intereses y pretensiones políticas de la manera más conveniente, y con ello determina al mismo tiempo la respuesta. En esencia el referéndum, todos los referéndums, constituye un instrumento de legitimación con el que las elites persiguen confirmar decisiones que ya han sido tomadas. La conveniente manipulación propagandística y la supervisión del proceso ejercida por los medios de coerción del Estado son los encargados de generar la respuesta deseada.

El referéndum de Cataluña, aún si llega a realizarse, no será otra cosa que un fraude, una completa mascarada con fines legitimadores y propagandísticos, pues responde a una clara intencionalidad política en la que constituye un instrumento con el que se crea la falsa ilusión de que el pueblo dispone de la oportunidad para ejercer su voluntad para decidir sobre su futuro, cuando en la práctica únicamente puede elegir entre dos opciones preestablecidas por la propia elite dirigente. Ambas opciones implican el mantenimiento de su condición de sujeto dominado y oprimido por las estructuras de poder imperantes, ya sea bajo la forma del Estado español o la de un hipotético, y cada vez menos probable, Estado catalán.

La autodeterminación, entonces, sólo es posible cuando el Estado y la propiedad privada han desaparecido y la sociedad se autogobierna a través de asambleas populares y soberanas. Por esta razón el pueblo catalán únicamente podrá alcanzar la capacidad de autodeterminación como fruto de una conquista revolucionaria que implique la destrucción del Estado español y de la propiedad privada, pues sólo entonces la soberanía estará en sus manos y no en las de una elite dominante. De este modo es como Cataluña podrá decidir sobre su futuro de una manera autónoma y determinar cómo quiere relacionarse con el resto del mundo. Así pues, autodeterminación y revolución social van de la mano, del mismo modo que la aspiración de libertad del pueblo catalán es idéntica a la de los restantes pueblos que hoy también viven sometidos a la dominación del Estado español y de su elite dirigente.


Esteban Vidal

sábado, septiembre 23

Entrevista a Miguel Amorós - El antidesarrollismo en perspectiva

Entrevista a Miguel Amoros sobre antidesarrollismo. En él se abordan distintas cuestiones relativas a la actualidad de las luchas en defensa del territorio, la crítica a diferentes ideologías, algunas experiencias de resistencias, así como autores e ideas afines a las perspectivas antidesarrollistas desde el punto de vista anárquico.

miércoles, septiembre 20

Ni estado ni nación

La realidad en España se alimenta de una mera confrontación entre dos realidades nacionalistas: la una, con una estructura de dominación consolidada, que apela a la ley para mantener su unidad e imaginario; la otra, se llena la boca de democracia y "derecho a decidir" para encubrir, de una forma u otra, el deseo de construir su propia estructura autoritaria y valores simbólicos e identitatarios: el Estado-nación.
 

Los que, supuestamente, quieren profundizar en la democracia se llenan la boca de “independencia”, algo que indiscutiblemente vinculan con la idea de una nación “libre”, que a su vez asocian con un pueblo que se autodetermina, y a la vez con un Estado “independiente”. Esto último, que tal vez no asuma todo el mundo a favor de la “independencia”, parece sin embargo un hecho. Nación y nacionalismo están vinculados, de forma necesaria en mi opinión, a la formación de un Estado. Ya hace tiempo que el bueno de Rudolf Rocker nos dijo que todo nacionalismo, no olvidemos que originado en una idea romántica, la de la exaltación de los valores e intereses de la nación por encima de los individuos, es reaccionario. Dicho esto, con lo que yo estoy totalmente de acuerdo, sería bueno reflexionar sobre el asunto, sobre la complejidad del término y la concepción diferente que se le pueda dar, en aras precisamente de ideas auténticamente emancipadoras. Toda idea de nación, la que tiene un Estado o la que aspira a tenerlo, como instancia transcendente e ideal casi mítico, tiene a sus espaldas toda una historia de un modo más o menos teleológico. Es decir, el proceso histórico se observa de modo lineal, como un proyecto en el que se lucha para conseguir un fin deseado, el de la ansiada nación libre e independiente, con unas valores dignos de elogio. No es difícil observar aquí un credo religioso en el nacionalismo, en el que la nación como instancia trascendente toma rasgos cuasidivinos. Tomás Ibáñez, esforzado en combatir toda forma absolutista, nos recuerda que la nación no contiene rasgos esencialistas, ni es intemporal, ni algo natural, sino algo muy humano construido por el afán de conquista y dominio, producto de innumerables acuerdos y alianzas por parte de aquellos con voluntad de poder. Recomendaremos aquí la imprescindible obra Rocker, Nacionalismo y cultura, con una visión lejos también de cualquier idealismo romántico sobre la nación e igualmente esforzada en recordarnos que la “voluntad de poder” ha sido un importante motor histórico al igual que la lucha de clases o, de modo más general, las condiciones materiales. Lo dice un libertario, con una visión amplia de la historia y de las sociedades creadas por los seres humanos.
 

Efectivamente, las naciones son dispositivos de poder, estructuras de dominación con afán de homogeneizar. Todo lo contrario de la sociedad libertaria, que apuesta por la diversidad y la singularidad, la heterogeneidad. Las celebraciones nacionales, sean el 12 de octubre, la Diada o el 14 de julio, no son más que demostraciones de fuerza y unidad, multitudes paseando una misma bandera en ofrenda a sus mitos nacionales específicos. Recordemos que el ácrata Brassens comenzaba su “La mauvaise réputation” con el Día Nacional de Francia, que no le estimulaba nada de nada y vinculaba, necesariamente, con lo militar. La nación es, en definitiva, una instancia abstracta y trascendente que unifica y homogeneiza, además de asegurar consecuentemente una estructura de dominación en base a determinadas conquista históricas. Como afirma Ibáñez, si aceptamos la existencia política de una nación, consciente o inconscientemente legitimamos toda la historia sangrienta de enfrentamientos por el poder que se encuentra detrás. No es casualidad que todo estructura de dominación se esfuerce en construir una serie de mitos en la historia, que alimenten ese amor por la nación de las personas con los que alimentar su imaginario social y político (algo muy humano, nada trascendente, producto de deseos y aspiraciones), ya que la autoridad coercitiva sin más no resulta suficiente a estas alturas. No está tampoco de más señalar, aunque las comparaciones que se hacen a veces del nacionalismo con el nazismo (eso sí, una exacerbación nacionalista) sean excesivas, que sí es cierto que la concepción de “raza”, hasta extremos racistas y discriminatarios, ha formado parte histórica de la construcción nacional, aunque ahora no se aluda abiertamente a ello. Lo importante es dejar claro que la idea de nación es algo social e históricamente construido y que su existencia solo tiene sentido si se mantienen y perpetúan las prácticas que la sustentan. No es raro que los dirigentes que aspiran a una nación “libre” exijan detentar la educación y los medios en diferentes ámbitos, precisamente para asegurar que se produzcan el conjunto de operaciones simbólicas, que fomentan el sentimiento nacional. La nación es por lo tanto algo artificialmente construido, de manera muy esforzada por una estructura de dominación, mediante el nacionalismo en caso extremo, y por supuesto contingente; ni trascendente, ni intemporal, ni algo natural.
 

Por lo tanto, el nacionalismo es un sentimiento, estamos de acuerdo, que mucha gente identifica con el amor a una comunidad, una tierra o un pueblo. Sin embargo, desde un punto de vista libertario, ese sentimiento no puede confundirse con la estrechez de miras que supone las limitaciones culturales (y la identidad nacional, desde mi punto de vista, lo es) ni con la subordinación a una abstracción que legitima y sustenta una estructura autoritaria. Por muy sentimental que sea, el nacionalismo es algo artificialmente creado mientras que la sociedad libertaria propugna, por supuesto desde un amor a lo local, una solidaridad que trasciende las fronteras. Algunos autores han señalado que el nacionalismo tiene al menos dos fases: una legitimada en la que lucha contra un Estado opresor y otra, ya en fase de liberación, en la que construye sus propias instituciones de dominación. Es obvio que los anarquistas, aunque pueden ayudar circunstancialmente a una comunidad a combatir la dominación de un Estado, rechazan simplemente sustituir una estructura autoritaria por otra con la falacia de construir una nación libre. Por eso, como dice Ibáñez, en el cansino y repetitivo enfrentamineto entre un Estado opresor y otro oprimido, el español y el catalán, los antiautoritarios deberíamos tener claro que se trata de dos realidades artificialmente construidas por parte de ciertos dispositivos de dominación, que nada tienen que ver con la deseada sociedad libertaria.
 

El frenta nacionalista catalán es, eso sí, heterogéneo, existen diferentes sensibilidades. Es así hasta el punto de que algunos sectores de la Cup se han etiquetado por parte de algunos medios como "nuevos anarquistas". Sin ningún ánimo de expedir carnés libertarios, para mí es un despropósito. Hacer frente común con fuerzas conservadoras con el objetivo de una Cataluña independiente no es que sea la habitual contradicción entre medios y fines, es que en este caso ni unos ni otros son libertarios. Por muy sinceros que sean algunos en la búsqueda de la independencia, e incluso aunque crean que la misma no conduce necesariamente a la creación de un Estado, están haciendo el juego a una causa nacionalista. La lucha por la independencia de Cataluña, se observe como se observe, se realiza dentro de un juego en el que el criterio político es, necesariamente, la creación de un Estado. Si buscas la independencia de un territorio, algo que considero ajeno al anarquismo, estás poniendo la base para la creación de una determinada estructura política. Otro asunto es que cuestiones, radicalmente, la configuración de esa estructura, algo que no se realiza en esa simple confrontación entre dos realidades nacionalistas, que tiene como objetivo la creación del Estado-nación. ¿Qué ocurre con el manido "derecho a decidir"? Suscribo ahora a Octavio Alberola cuando afirma que, de acuerdo, derecho a decidir pero en todo, no solo cuando le conviene a la clase dirigente para sustentar una estructura de dominio y explotación. Esa lucha por el derecho a decidir debe producirse en un escenario amplio en el que se ponga en cuestión toda forma de dominación y explotación, nada que ver con el nacionalismo. La independencia de Cataluña, si es que se consigue finalmente, incluso en la forma de república, puede legitimar aún más ese escenario autoritario. La lucha libertaria se produce en un campo muy diferente, con la aspiración a un mundo sin fronteras.